Hogar
Estiro los brazos pero no te alcanzo. Te veo alejarte y me desespero. ¿A dónde vas? No llores. Sé que ahora se ve todo nublado, oscuro y frío, pero así es el invierno, y no dura para siempre. Dejate abrazar, acercate. Estás algo cansada, ¿No? Sí; puedo verlo en tus ojos, en la curva de tu espalda. Pero si me das la mano juntas nos podemos erguir. Qué difícil que es esto. A veces nos dan ganas de hibernar, y con razón. Afuera las cosas no están tan lindas. Pero adentro tampoco. Te juro que intento, pero si vos no tenés ganas de que pase, entonces no va a pasar. Me estiro, me arrastro, rasguño el piso y me quiebro las uñas, pero así seguiré todo el tiempo que me tome hasta que te pueda alcanzar. Sé que estás enojada; puedo verlo en el brillo de tu mirada y en tus puños apretados. Gritá, gritá, y si enojarte es condición necesaria para liberarte, que así sea. La ind...