Hogar

Estiro los brazos pero no te alcanzo.
Te veo alejarte y me desespero. ¿A dónde vas? No llores. Sé que ahora se ve todo nublado, oscuro y frío, pero así es el invierno, y no dura para siempre.
Dejate abrazar, acercate. Estás algo cansada, ¿No? Sí; puedo verlo en tus ojos, en la curva de tu espalda. Pero si me das la mano juntas nos podemos erguir.
Qué difícil que es esto. A veces nos dan ganas de hibernar, y con razón. Afuera las cosas no están tan lindas. Pero adentro tampoco.
Te juro que intento, pero si vos no tenés ganas de que pase, entonces no va a pasar. Me estiro, me arrastro, rasguño el piso y me quiebro las uñas, pero así seguiré todo el tiempo que me tome hasta que te pueda alcanzar.
Sé que estás enojada; puedo verlo en el brillo de tu mirada y en tus puños apretados. Gritá, gritá, y si enojarte es condición necesaria para liberarte, que así sea.
La independencia cuesta, y no llega sola. Pero a veces, sin embargo, solo necesita de un pequeño empujoncito. La vida no se tornará perfecta, pero va a ser más amena.
No puedo esperar a tomarte de la mano y que corramos juntas hacia el futuro, ese futuro que ahora es solo un sueño y que, aunque sabemos que no será exactamente como lo imaginamos, al menos podemos intentar. Y si sale mal, ¿Qué importa? Tan solo compartir el intento con vos ya sería como un abrazo.
Y aunque el futuro juntas sea solo un instante, sé con seguridad que sería el instante más precioso de mi existencia. Ese instante que recuerde durante todos los demás. El instante al que quiera volver en cada momento; cuando esté triste, porque anhelaré mi felicidad, y cuando este contenta, porque extrañaré compartirlo con vos.
Sé que estás algo triste, porque en el abrazo siento las lágrimas que se deslizan por tu alma. Pero al fin, después de tanta fuerza e intento, lo logré, y llegué, o más bien llegaste vos, permitiéndome entrar sin permiso a tu vida y formar parte de ella. Y ahora te abrazo, fundida en el olor de tu pelo, y no quiero irme nunca, pues encontré mi lugar en el mundo. Espero entonces que no te moleste que me quede a vivir en tus brazos, y que mientras tanto, te ofrezca los míos para aliviar tus penas, o al menos para compartirlas.

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