Una relación difícil
Se ríe, se ríe fuerte, se le achinan los ojos. Se da cuenta de que la estoy mirando mucho y se tapa la cara como si tuviera cinco años. «¡No me mires!», grita, y se me tira encima. Me abraza, con los brazos y las piernas, me acaricia la cara con la suya. Le incomoda demostrar tanto amor, y lo sé porque varias veces me lo dijo. Se siente tonta cuando siente que ama mucho y que tal vez a ella dejen de quererla. Tiene ese miedo constante; una paranoia con o sin fundamentos de que algún día se den cuenta de que en realidad no es graciosa, ni linda, ni inteligente, ni segura. Entonces abraza; abraza para que yo no me caiga a pedazos al mismo tiempo de que cuida de no desmoronarse tampoco.
Pero hay días mejores. A veces abraza y ama, pero ama el doble: esos son los días en que se quiere más a sí misma, cuando se ve al espejo y se gusta...esos días puede ser amada con más intensidad, porque el amor propio es irresistible.
A veces (siempre) se irrita por pavadas. O por cosas serias también, claro, pero el punto es que se irrita mucho, y fácil. A veces de tan irritada se vuelve irritante y la quiero lejos. Quiero que se caye, quiero que deje de fruncir toda la cara y sonría un poco, como cuando se siente con ánimos de burlarse de sí misma. Y otras veces, cuando se enoja pero con causa, siento que se vuelve más fuerte, y eso me gusta. Cuando lucha por sus ideas, cuando, superando su timidez, alza la vos y grita por cada cosa en el mundo que le parece injusta, en ese momento, siento esperanzas de un mañana mejor. Porque sé que no es la única. Y porque sé que ella también solía ser una preadolescente alienada machista y desagradable que pudo convertirse en lo que todes deberíamos ser: feministas.
Me gusta cuando me escribe porque puede ver en mí todo lo bueno que no ve en sí misma, pero a la vez, cuando lo hace, refleja todo lo que es capaz de hacer.
No me gusta cuando se estresa y se estresa a tal punto que parece que va a estallar; entre sus miedos de soledad y de un futuro con sueños incumplidos y los finales, tiene colpasos no muy lindos de ver. Pero la abrazo y se deja abrazar. Y cuando el momento pasa, dice: «Al final siempre puedo. Entro en pánico, pero puedo.»
Estar con ella a veces es difícil, como cualquier relación. Dice estupideces y se te van las ganas de hablarle, o dice demasiado y queres que se calle, o comete errores estúpidos y te da bronca. Tiene muchos defectos y si se los decís es muy probable que llore, porque sabe que es cierto. Le duele saber cómo es, ser consciente de sus imperfecciones, esas que le hacen daño tanto a ella como a los que la rodean. Pero también tiene cosas buenas. Sueña en grande, tiene buena memoria, se toma las cosas con gracia. Le gusta sacar fotos (a veces buenas y a veces terribles) y cuando ama, ama de verdad.
Puede que a veces me olvide de por qué estoy con ella, de qué me trajo hasta acá en primer lugar. Pero entonces vuelvo a los comienzos y sonrío para mis adentros.
Soy yo, y siempre voy a estar conmigo. Cuando me soporte, y cuando no quiera verme más también. La relación conmigo misma tendrá caídas y subidas, pero es para siempre. Así que lo mejor sería estar en buenos términos, ¿No?
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Febrero de 2018.
Por Paula Albornoz.
Instagram: @pauli.albornoz
Contacto: pauliroalbornoz@gmail.com
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